Alguna vez has querido jugar al ajedrez, pero te ha dado la sensación de que era “demasiado simple”? Vale, lo de simple es una trampa enorme, porque el ajedrez es de esos juegos que parecen fáciles hasta que alguien te destroza en diez movimientos y no sabes ni por dónde ha entrado el mate. Pero Once a Pawn a King juega justo con esa idea: coger algo que conocemos todos, romperle las reglas y convertirlo en una aventura táctica con sabor a fantasía.

Aquí no estamos ante una partida clásica de tablero, con su apertura española, sus gambitos y su señor pensando quince minutos para mover un caballo. Esto va más de montar un pequeño ejército de piezas, avanzar por escenarios cambiantes y sobrevivir a un castillo donde el ajedrez ha perdido la cabeza.

Ajedrez, pero con caos del bueno

La gracia de Once a Pawn a King está en que usa las piezas de ajedrez como punto de partida, no como jaula. Los peones, caballos, alfiles o torres siguen teniendo esa personalidad reconocible, pero el juego les añade habilidades, mejoras y situaciones que se salen de lo habitual. Es como si alguien hubiese mirado el ajedrez mágico de Harry Potter y hubiese dicho: “vale, pero vamos a hacerlo jugable, rejugable y con mala leche”.

Y eso le sienta bastante bien. Porque el ajedrez tradicional puede intimidar mucho si no conoces aperturas, patrones o finales básicos. Aquí, en cambio, la clave parece estar más en probar combinaciones, entender el posicionamiento y adaptarte a lo que te tira la partida encima.

Cada pieza importa

Una de las ideas más atractivas es que no llevas piezas anónimas. Vas formando un grupo, lo mejoras y aprendes a sacarle partido. Perder una unidad importante no es solo “me han comido una torre”, sino quedarte sin una herramienta que quizá sostenía toda tu estrategia.

Ese toque roguelike le da bastante vidilla, porque cada intento puede empujarte a jugar de otra forma. A veces tocará ser agresivo, otras aguantar, y otras aceptar que has hecho una jugada lamentable y que el tablero te va a pasar factura.

Para fans de la táctica sin manual de 200 páginas

Lo que más me llama de Once a Pawn a King es que parece pensado para quienes disfrutan pensar cada movimiento, pero no quieren estudiar teoría como si preparasen un torneo. Tiene pinta de ser uno de esos juegos que entran fácil, pero que empiezan a enseñar los dientes cuando crees que ya lo tienes controlado.

Y al final, eso es justo lo que apetece: una versión fantástica, rara y más gamberra del ajedrez. ¿Quién no querría ver hasta dónde puede llegar un simple peón cuando le das magia y una mala tarde?

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