Una aventura española con mucho que decir

Hemos tenido la suerte de poder jugar a Duskfade gracias a Jesús Fabre, y lo primero que apetece decir es que estamos ante uno de esos indies españoles te engancha desde el principio. Desarrollado por Weird Beluga Studio y publicado por Fireshine Games, el juego llega el 13 de agosto de 2026 a PC, PS5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch 2 con una propuesta muy clara: acción, plataformas en 3D, exploración clásica y una historia con bastante corazón.

Aquí acompañamos a Zirian en una misión para salvar a su hermana y restaurar el tiempo en un mundo de relojería atrapado en una noche eterna. Dicho así suena bonito, pero jugando se siente mejor: Duskfade mezcla esa nostalgia de los plataformas de PS2, con ecos de Jak and Daxter o Ratchet & Clank, con un combate más rápido y vistoso que recuerda a Kingdom Hearts.

Colores vivos para una noche eterna

Lo primero que llama la atención es su apartado visual. Duskfade tiene colores muy vivos, un estilo de animación con personalidad y una dirección artística que sabe diferenciarse. El mundo está lleno de engranajes, relojes, luces imposibles y escenarios que apetece recorrer sin prisa, aunque el juego te empuje muchas veces a moverte a toda velocidad.

Zirian, con esa espada enorme que inevitablemente recuerda a Cloud, encaja muy bien en este universo de fantasía, drama y aventura. Hay algo muy de otra época en todo esto, pero no se siente anticuado. Al contrario: Duskfade recoge ese espíritu de aventura de los plataformas clásicos y lo adapta a una forma de jugar más moderna y ágil.

Moverse ya es divertido

Uno de los grandes puntos fuertes está en el movimiento. Saltar, dashear y encadenar acciones tiene un punto muy satisfactorio. Se notan referencias a Super Mario 64, sobre todo en esa forma de combinar salto y dash que hemos visto tantas veces en speedruns, pero aquí se usa dentro de un diseño más centrado en la exploración, el combate y los secretos.

Y eso es importante, porque Duskfade no se limita a llevarte de un punto a otro. Hay zonas a las que no puedes acceder al principio, objetos que se quedan fuera de tu alcance y caminos que piden volver más adelante con nuevas habilidades. Esa rejugabilidad le sienta muy bien, porque no parece un añadido artificial: forma parte de cómo están pensados los mapas.

También hay bastante exploración, y en algún momento puedes despistarte. Para eso están las campanas, que te ayudan a orientarte cuando no tienes claro hacia dónde seguir. Es una ayuda sencilla, pero muy agradecida, porque te evita dar vueltas de más sin quitarte la sensación de estar descubriendo el mundo por tu cuenta.

Jefes que te obligan a aprender

Los combates contra jefes tienen más miga de lo que puede parecer al principio. No basta con golpear y esquivar hasta que caigan. Cada boss introduce retos propios, muchas veces ligados a puzles o mecánicas de la zona, y eso te obliga a utilizar de verdad las habilidades que has ido practicando durante el nivel.

Ese detalle hace que los enfrentamientos funcionen como una especie de examen final. Llegas, entiendes qué te pide el juego, fallas un par de veces, ajustas, y cuando por fin lo superas queda esa sensación de haber aprendido algo por el camino.

Una banda sonora con mucha intención

La música merece mención aparte. Se ha hablado muchísimo de Clair Obscur: Expedition 33 por su apartado musical, pero Duskfade también tiene algo muy especial aquí. La banda sonora transmite muy bien el estado del mundo: hay aventura, sí, pero también una capa de desesperanza que se nota incluso mientras exploras.

El audio no está en español, y es una pena, sobre todo tratándose de un juego nacional con una historia que tiene peso emocional. También es verdad que hablamos de un indie, y doblar supone un coste enorme. Ojalá, si funciona como debería, puedan añadir esa opción más adelante.

Veredicto

Duskfade es una recomendación clarísima para quien eche de menos los plataformas de acción con alma de PS2, pero quiera algo actual, bonito y con buen ritmo. Tiene una historia con corazón, un mundo precioso, movimiento ágil, secretos para perderse y una música que acompaña de verdad. Un indie español con muchísimo mérito, a un precio de salida muy ajustado y con argumentos de sobra para mirar de tú a tú a producciones mucho más grandes.

Una aventura preciosa, ágil y con muchísimo corazón.

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