Denshattack! tiene una de esas ideas que, contadas en frío, suenan a disparate: trenes que saltan, derrapan, hacen trucos imposibles y atraviesan un Japón distópico como si alguien hubiese mezclado una red ferroviaria con una cinta de Tony Hawk. Pero lo curioso es que funciona. Y no solo funciona: consigue despertar algo muy concreto.

Quienes crecimos con el skate como deporte de moda, con medio barrio queriendo ser Tony Hawk y soñando con que Red Bull nos patrocinara por hacer el cafre en una halfpipe, encontramos aquí una conexión inmediata. Denshattack! revive esa sensación de velocidad, riesgo y chulería juvenil, solo que cambiando la tabla por una locomotora lanzada a toda pastilla.

Caos rápido, pero con margen para expresarte

La primera impresión es puro caos. Todo va muy deprisa, pasan demasiadas cosas a la vez y cada salto parece una invitación a perder el control. Hay raíles por todas partes, obstáculos, rutas alternativas, trucos, desvíos y momentos en los que el escenario se convierte casi en una pista de skate gigante. Puede intimidar al principio, pero ahí está una de sus mejores virtudes: no te obliga a resolver cada mapa de una única manera.

Esa libertad hace que las fases tengan mucho más carácter. Puedes buscar una ruta más segura, intentar encadenar trucos, lanzarte por una vía que parece una locura o improvisar sobre la marcha cuando algo sale mal. El juego premia el dominio, pero también deja espacio para el instinto, y eso encaja muy bien con la fantasía que propone. No se trata solo de llegar al final, sino de hacerlo con estilo.

A medida que avanzas, el control empieza a asentarse. Lo que al principio parecía ruido se convierte en ritmo. Saltar, aterrizar, grindar, mantener el combo y reaccionar a los cambios del mapa acaba teniendo una musicalidad muy marcada. Es exigente, sí, pero rara vez se siente injusto. Cuando fallas, normalmente sabes que podrías haberlo hecho mejor. Y cuando sale bien, la satisfacción es enorme.

Sabes que el recorrido está cuidadosamente definido, pero la sensación al jugar es justo la contraria: parece que puedes improvisar, desviarte y explorar a tu antojo, como si en cualquier momento fueras a desbloquear un camino de arcoíris que te permitiera llegar a cualquier sitio. Y lo peor de todo, que se puede.

La música como combustible

La banda sonora es uno de los grandes motores de Denshattack!. No está ahí de acompañamiento: empuja. Las canciones aumentan la sensación de velocidad y ayudan a entrar en ese estado mental en el que dejas de pensar cada movimiento por separado y simplemente fluyes con la pista. Es el tipo de música que convierte una fase buena en una fase memorable.

El apartado artístico es increíble también. Ese Japón distópico, colorido y exagerado combina muy bien con la energía rebelde del juego. Cada zona cambia de temática y evita que la aventura caiga en la repetición. Hay variedad visual, escenarios con personalidad y una dirección artística que Silvia Lara ha sabido llevar con maestría, dándole un toque único.

Jefes, desbloqueables y ganas de seguir

Los mapas sorprenden por lo variados que son. Cambian los entornos, cambian las mecánicas y también lo hacen los jefes, que aportan momentos de espectáculo sin romper la lógica del juego. Esa variedad es clave para que Denshattack! no se agote. Siempre parece haber algo nuevo esperando en la siguiente zona, ya sea una forma distinta de moverte, un reto más loco o una secuencia que te obliga a apretar los dientes.

No hay una cantidad enorme de trenes, pero sí suficientes desbloqueables como para alimentar la curiosidad, incluyendo algunos vinculados a códigos de creador. Más que por número, funcionan como una forma de personalizar la experiencia y seguir jugando con esa fantasía de llevar tu propio vehículo imposible por raíles imposibles.

Veredicto

Denshattack! merece la pena para quien eche de menos la energía de los arcades de skate, los juegos rápidos y las propuestas con identidad propia. Es caótico, veloz, musical y tremendamente carismático. Si te atrae la idea de recorrer un Japón distópico haciendo trucos con trenes como si estuvieras de vuelta en una halfpipe, aquí hay un juego con alma, estilo y muchas papeletas para convertirse en favorito de quienes conecten con su locura.

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