Ayer tuvimos una charla muy interesante con @DesiertoMuerto y salió un tema que cada vez pesa más dentro del mundillo: la especulación con los videojuegos y cómo está afectando tanto a los coleccionistas como a quienes simplemente quieren disfrutar de este hobby.
Porque sí, una cosa es coleccionar y otra muy distinta es comprar pensando únicamente en revender dentro de unos años. Y últimamente parece que esto último se ha convertido en la norma.
De abrir juegos en el autobús a guardarlos precintados
Muchos recordamos perfectamente esa sensación de salir de la tienda con un juego nuevo y abrirlo antes incluso de llegar a casa. Leer el manual durante el trayecto, mirar el mapa, descubrir ilustraciones o pequeños detalles que venían dentro de la caja. Formaba parte de la experiencia.
Ahora compras una edición coleccionista de más de 200 euros y te encuentras un código de descarga, una caja enorme y poco más. A veces ni disco hay. Otras directamente ni versión física existe. Y mientras tanto, muchas de esas ediciones desaparecen de las tiendas el día uno para terminar en páginas de reventa al doble o triple de precio.
Lo peor es que mucha gente ni siquiera compra para jugar. Compra para guardar. Para especular. Para esperar a que pasen unos años y venderlo como si fuese una inversión.
Coleccionar videojuegos se está volviendo imposible
Intentar recuperar juegos clásicos hoy en día es una locura. Ese título que tenías de pequeño y que te gustaría volver a tener en la estantería puede costarte tranquilamente 300 o 400 euros. Y no porque sea raro de verdad, sino porque el mercado se ha ido inflando poco a poco.

La nostalgia vende muchísimo y los especuladores lo saben. Ha pasado con videojuegos, con cartas TCG, figuras, consolas retro y prácticamente cualquier cosa relacionada con la cultura friki.
Y ojo, cada uno hace con su dinero lo que quiere. Faltaría más. Pero es difícil no sentir cierta rabia cuando ves que para unos esto es un negocio y para otros supone perder la ilusión de coleccionar algo que antes era accesible.
El problema también es cómo han cambiado los juegos físicos
Las compañías tampoco ayudan demasiado. Antes comprar en físico tenía sentido por todo lo que acompañaba al juego. Hoy muchas ediciones parecen hechas únicamente para inflar precios y crear sensación de exclusividad artificial.
Menos contenido, más precio y tiradas limitadas que vuelan en minutos. El resultado es un mercado donde jugar importa menos que conservar el precinto intacto.
Y quizá esa es la pregunta más triste de todas: ¿en qué momento dejamos de comprar videojuegos para disfrutarlos y empezamos a tratarlos como acciones de bolsa?



Deja un comentario