Una base con colmillo, pero todavía por pulir
Serpent’s Gaze llega en acceso anticipado con una mezcla que, sobre el papel, tiene bastante gancho: acción en tercera persona con sabor Soulslike, estructura Roguelike y cooperativo para hasta cuatro jugadores. Es una combinación ambiciosa, y precisamente por eso se notan tanto sus virtudes como sus costuras.
La sensación general es clara: hay una buena idea debajo, pero todavía se percibe que el juego está en construcción. No es algo necesariamente negativo tratándose de un acceso anticipado, pero sí marca mucho la experiencia. Hay momentos en los que el combate, la tensión y la creación de builds encajan muy bien; otros, en cambio, dejan la impresión de que aún falta ajustar ritmo, equilibrio y pulido general.
Combate exigente y margen para experimentar
La parte Soulslike se aprecia en esa forma de plantear los enfrentamientos donde no conviene ir a lo loco. Cada combate pide medir distancias, leer ataques y decidir cuándo arriesgar. No estamos ante un juego de machacar botones sin pensar, sino ante una propuesta que quiere que cada error tenga peso.
Lo interesante es cómo el componente Roguelike introduce variedad. A medida que avanzamos, podemos conseguir bendiciones, dones y reliquias que van modificando nuestra manera de jugar. Ahí Serpent’s Gaze encuentra una de sus mejores cartas: la posibilidad de construir una configuración propia, adaptada a nuestro estilo o al papel que queramos cumplir dentro del grupo.
Los atributos también apuntan buenas ideas. El atributo de plaga, por ejemplo, recompensa derrotar enemigos con mejoras temporales de estado, mientras que el de valor aumenta el daño cuanto menos salud tenemos. Son conceptos que invitan a jugar con riesgo, a estirar las situaciones peligrosas y a buscar sinergias que puedan convertir una partida difícil en una remontada muy satisfactoria.
Cooperativo como gran atractivo
El cooperativo para hasta cuatro jugadores puede ser uno de los pilares más fuertes de Serpent’s Gaze. Este tipo de propuesta gana mucho cuando cada jugador adopta un enfoque distinto, comparte recursos o se lanza a cubrir los errores de los demás en mitad de un combate complicado.
Jugado en compañía, el caos está mucho mejor justificado. Las builds pueden complementarse, los enfrentamientos ganan tensión y cada victoria tiene ese punto de celebración compartida que tanto ayuda a los Roguelike de acción. En solitario puede funcionar, pero da la sensación de que el juego está pensado para brillar más cuando hay coordinación y algún que otro grito por chat.
Escenarios con personalidad, aunque irregulares
La variedad de escenarios ayuda a que la aventura no parezca siempre el mismo pasillo con enemigos distintos. Desiertos, ruinas y catedrales ofrecen una base visual con potencial y un tono oscuro que encaja con la propuesta. Artísticamente hay una intención clara de construir un mundo hostil, solemne y algo decadente.

Aun así, es en este apartado donde también se nota el estado de acceso anticipado. Algunas zonas funcionan mejor que otras, ciertos detalles parecen necesitar más trabajo y no siempre todo transmite el mismo nivel de acabado. No falta identidad, falta rematarla.
En definitiva
Serpent’s Gaze merece la pena para quienes busquen un Soulslike Roguelike cooperativo con margen para experimentar y no les importe convivir con las asperezas del acceso anticipado. Ahora mismo se siente prometedor, con buenas ideas en sus builds y en su combate, pero también con espacio evidente de mejora. Si Feeble Minds sabe pulir sus sistemas y reforzar su contenido, puede crecer hasta convertirse en una propuesta mucho más sólida.




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