El listón no podía estar más alto. El Ocarina of Time de Nintendo 64 sigue siendo, veintiocho años después de su estreno, el único juego con un 99 en Metacritic; así que el remake de Ocarina of Time, que sale hoy, 5 de noviembre, en exclusiva para Nintendo Switch 2, no competía solo contra un clásico, sino contra el recuerdo que cada jugador guarda de él, que suele ser todavía más generoso. No ha superado al original, pero se ha quedado más cerca de lo que muchos esperaban: con un 96 de media, es el juego mejor valorado de 2026.

Un 96 sin una sola reseña negativa

Según los datos recogidos ayer, 4 de noviembre, la ficha de Metacritic sumaba más de ochenta críticas y ninguna era mixta ni negativa; OpenCritic, el otro gran agregador, le concedía también un 96 con un cien por cien de recomendación, tal y como recoge dlcompare. La nota lo sitúa por encima de Ocarina of Time 3D, la versión de 3DS de 2011, que se quedó en un 94, y lo sitúa en torno al puesto veinticinco de la clasificación histórica del agregador, junto a Half-Life 2, Skyrim, Elden Ring o Tears of the Kingdom, como detalla Forbes.

Hay un matiz que conviene tener en cuenta antes de comparar cifras: el 99 de 1998 se calculó con unas cuatro veces menos reseñas que las que ya acumula la nueva versión. Cuantas más opiniones entran en una media, más difícil resulta que se mantenga en lo más alto; por eso, el 96 de hoy dice casi tanto como el 99 de entonces. La revista japonesa Famitsu, la primera en publicar su análisis, le ha puesto un 37 sobre 40, una nota excelente que, aun así, recuerda que el original fue el primer juego en lograr allí la puntuación perfecta.

Qué cambia en el remake de Ocarina of Time respecto al de Nintendo 64

Nintendo, que ha desarrollado el juego internamente y sin recurrir a un estudio externo, no se ha limitado a darle una mano de pintura. El apartado gráfico se ha reconstruido desde cero, las escenas de vídeo tienen ahora voces, los diálogos se han ampliado y la banda sonora es orquestal. En lo jugable, los cambios más visibles son la cámara, que se controla libremente con la palanca derecha, y un botón de salto, algo que el original resolvía de forma automática al llegar al borde de una plataforma, según explica Vandal.

Hay, además, dos novedades pensadas para quien conoce Hyrule de memoria. La primera es un coliseo de monstruos donde se pueden consultar los enemigos derrotados y volver a enfrentarse a los jefes de las mazmorras; la segunda, la posibilidad de tocar la ocarina cantando o con un instrumento real delante de la consola, que reconoce las notas. Lo segundo augura más de una Canción de Saria a deshoras; los vecinos quedan avisados.

El salto técnico también es considerable. El original rondaba los veinte fotogramas por segundo, y no siempre estables, mientras que la versión de Switch 2 se mantiene a 60 con una resolución que alcanza los 1440p, según los análisis de rendimiento recogidos por GamesRadar+ y Twisted Voxel.

Lo que no ha terminado de convencer

El consenso es amplio, pero no absoluto. La dirección artística es el aspecto que más divide a la crítica, que en cambio celebra las nuevas escenas por cómo profundizan en la infancia robada de Link, tal y como resume games.gg. Otras reseñas echan de menos cambios más profundos en una aventura que conserva casi intacta su estructura, mazmorras incluidas. Algún análisis recogido en Metacritic va más allá y sostiene que el juego parece pensado, ante todo, para quienes nunca jugaron al de 1998.

¿Merece la pena si ya lo jugaste?

Depende de lo que busques. Quien solo quiera revivir el original tal cual puede hacerlo con la suscripción Nintendo Switch Online + Paquete de Expansión, que incluye la versión de Nintendo 64 tanto en Switch como en Switch 2. El remake tiene sentido, en cambio, para quien quiera la misma historia con controles actuales y, sobre todo, para toda una generación que conoce a Link por Breath of the Wild y nunca ha pisado el Templo del Bosque. Para ellos, que es justo el público al que parece dirigirse Nintendo, un 96 es una invitación difícil de rechazar.

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