Volver a sentirse en casa con James Bond

Hacía tiempo que un juego de James Bond no me hacía sonreír así. 007: First Light no solo recupera el espíritu de la saga, sino que consigue tocar esa fibra nostálgica de quienes crecimos echando partidas a James Bond 007: Nightfire o Desde Rusia con Amor.

Y aquí es donde entra la parte personal: mientras jugaba, no podía evitar acordarme de aquellas tardes contra mi hermana, pasando horas con Nightfire o al Desde Rusia con Amor, picándonos una y otra vez como si no existiera nada más. Esa mezcla de acción directa, caos controlado y pura diversión era justo lo que asociaba a Bond en videojuegos, y First Light me ha devuelto un poco a esa época. Solo por eso, ya entré con una sonrisa.

Un arranque que engancha de verdad

El juego sabe enganchar desde el primer minuto. El tutorial está muy bien integrado en la formación de Bond, así que no parece una clase pesada de controles, sino una parte natural de la historia. Aprendes mientras el personaje también aprende, y eso hace que el inicio tenga ritmo y sentido.

Es una forma muy inteligente de presentar mecánicas sin romper la inmersión. Todo encaja con ese Bond joven que todavía está construyéndose como agente, y eso hace que las primeras horas entren muy fácil.

Sigilo, acción y varias formas de resolver cada situación

En lo jugable, la influencia de Hitman se nota bastante, sobre todo en el diseño de mapas y en las distintas formas de resolver situaciones. Puedes entrar con sigilo, improvisar, buscar rutas alternativas o liarte a golpes cuando todo sale mal. Y eso le sienta de lujo.

El combate cuerpo a cuerpo es divertido, aunque tiene algún desequilibrio claro. El agarre está bastante roto, hasta el punto de que, si abusas de él, puedes ventilarte muchas peleas demasiado rápido. También se echan en falta más animaciones de ejecución, porque hay pocas y se repiten antes de lo que deberían. Aun así, el sistema funciona porque casi siempre tienes margen para elegir cómo afrontar cada encuentro.

Cuando el sigilo se pone tenso

Las secciones de sigilo tienen mucha personalidad. Me han recordado bastante a esa tensión de juegos como Getting Up o The Getaway, donde sabes que, si te ven, la situación se va a poner fea muy rápido. Esa presión le da mucha vida a las misiones y encaja muy bien con un Bond joven, todavía en proceso de convertirse en el agente que todos conocemos.

Eso sí, la variedad de enemigos es limitada. Cambian de ropa y poco más: normales que caen rápido, blindados amarillos que aguantan dos disparos a la cabeza y enemigos rojos que exigen algo más de paciencia. No rompe la experiencia, pero se nota. También es verdad que el juego no convierte a los rivales en esponjas absurdas, y eso ayuda a mantener cierta coherencia.

Un espectáculo visual con sabor a película

Visualmente, el juego entra por los ojos. Explosiones, escenarios enormes y mapas con muchísimo ambiente hacen que te sientas dentro de una película de Bond. Hay momentos realmente espectaculares, de esos que te hacen parar un segundo solo para mirar alrededor.

El apartado artístico entiende muy bien el lujo, el peligro y el exceso que pide esta licencia. Todo tiene ese punto elegante y exagerado que esperas de James Bond, pero sin perder la sensación de estar jugando una misión con peso propio.

Conducción con ganas de más

Donde me he quedado con ganas de más es en la conducción. Las secciones están bien, pero son pocas. Durante el juego, añoré tener un Aston Martin V12 Vanquish entre manos, uno espera más locuras, más persecuciones imposibles y más destrucción elegante por el camino. El juego cumple, pero podría haber apretado mucho más ahí.

Una historia que acerca al personaje

La historia también funciona muy bien. No intenta reinventar a Bond de forma forzada, sino acercarnos más al personaje, a sus marcas y a detalles como esa cicatriz que conecta con otras versiones del agente. Es una campaña completa, con unas 15-20 horas de duración, que se siente bien medida y no alargada artificialmente.

El multijugador que echo de menos

Se echa de menos el multijugador, y mucho. Para quienes tenemos recuerdos de tardes eternas jugando en mapas como Missile Silo o Skyrail, su ausencia pesa. No hacía falta algo competitivo a muerte; bastaba con un modo divertido para alargar la vida del juego y recuperar esa magia de sofá, piques y risas.

Veredicto final

007: First Light es una de las mejores entregas de Bond en videojuego. Merece la pena si te gusta la saga, si echabas de menos un buen juego de espías o si quieres una aventura con sigilo, acción y mucho espectáculo. Tiene margen de mejora, pero lo que hace bien lo hace con muchísimo estilo.

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