1348 Ex Voto deja una sensación curiosa: entra muy bien por los ojos, tiene una ambientación con personalidad y sabe recompensar ciertos momentos de tensión, pero también se nota que todavía necesita más pulido para que todo encaje con la fuerza que promete. El juego que nos dejó Meridiem transmite justo eso: un buen juego en construcción, con ideas claras, una atmósfera muy cuidada y algunos tropiezos que se hacen notar cuando la acción exige precisión.
Un mundo bonito, aunque algo callado
Lo primero que llama la atención es su ambientación. Hay una intención clara detrás de los escenarios, de los caminos, de esa sensación de viaje duro y hostil. El juego consigue que apetezca avanzar, mirar alrededor y dejarse llevar por su tono. Visualmente tiene encanto, y no solo por ser “bonito”, sino porque parece buscar una identidad concreta, más sobria y terrenal que fantástica.
El problema es que, en algunos tramos, ese mundo se siente más vacío de lo que debería. Hay cosas que encontrar, sí, pero muchas veces están ligadas a mejoras funcionales: algo para aumentar la resistencia, algún recurso para potenciar la espada, pequeños incentivos que empujan a explorar. Funcionan, pero no siempre llenan el mapa de vida. A ratos da la impresión de que el escenario está mejor pensado como postal que como espacio plenamente aprovechado.
La espada convence… cuando perdonas sus rarezas
El combate es sencillo, directo y fácil de entender. No intenta abrumar con mil sistemas, y eso le sienta bien. Hay una base clara: medir distancias, atacar cuando toca, aguantar, aprender del enemigo y mejorar poco a poco. Cuando todo fluye, 1348 Ex Voto sabe generar satisfacción, sobre todo porque cada enfrentamiento superado parece ganado con cierta paciencia.
Ahora bien, no siempre se siente fino. En algunos combates la hitbox resulta rara, como si el golpe hubiese entrado o fallado por muy poco margen sin que el juego termine de explicarlo del todo bien. Esa falta de precisión puede sacar un poco de la experiencia, especialmente cuando vienes de varios intentos y la muerte llega por una lectura que no parece limpia.

Con todo, hay algo interesante: te acabas adaptando. Aprendes a jugar con sus reglas, incluso con sus manías. Buscas otra forma de entrar, te guardas un poco más de resistencia, cambias el ritmo. Esa curva no siempre parece diseñada de manera perfecta, pero cuando consigues superar una zona complicada, la recompensa emocional funciona.
Guardados duros, placer real
El sistema de guardado puede ser exigente. Y a veces demasiado. Ese momento de haber eliminado a nueve soldados, quedarte a un paso de limpiar la zona y morir contra el último para repetirlo todo desde atrás puede resultar frustrante. No es una frustración pequeña: pesa, corta el ritmo y puede hacer que una sección se alargue más de la cuenta.
Pero también es cierto que esa dureza tiene una cara positiva. Cuando por fin lo consigues, cuando el combate sale, cuando atraviesas esa parte que se te había atragantado, aparece una sensación de alivio muy potente. No es un placer elegante, es un placer de “por fin”, de haber insistido hasta que el juego cede.
Historia y progresión al servicio del viaje
La narrativa, al menos en lo probado, no parece imponerse por encima de la experiencia. El peso está más en el ambiente, en avanzar, mejorar y sobrevivir al camino. La progresión cumple porque da motivos para explorar y porque las mejoras se notan lo suficiente como para querer buscarlas, aunque el mapa necesite más densidad para que esa exploración gane fuerza.
Veredicto
1348 Ex Voto merece atención si te atraen las aventuras de acción con ambientación cuidada, combate sencillo y cierta exigencia. No está redondo: necesita ajustar sensaciones, pulir la lucha y llenar mejor algunos espacios. Aun así, tiene una base atractiva y momentos realmente satisfactorios. Si el equipo sigue afinándolo, puede acabar siendo una experiencia mucho más sólida.




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