Hay una lectura optimista del nuevo Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos 2025: la industria española vuelve a batir cifras de facturación y empleo. Y luego está la otra lectura, quizá más incómoda pero igual de necesaria: crecer no significa estar a salvo.

En 2024, el sector facturó 1.464 millones de euros y generó 10.508 empleos directos, según los datos publicados por DEV en su informe anual. Son subidas moderadas, del 2,7% en ingresos y del 2,4% en empleo, pero importantes en un contexto internacional marcado por despidos, cierres y proyectos cancelados. El informe recoge datos de estudios españoles mediante encuesta realizada durante 2025.

Crecer no siempre es consolidarse

España cuenta ya con 820 estudios activos, de los cuales 500 están constituidos como empresa. Sobre el papel, es una fotografía bastante potente. Hay talento, hay producción, hay exportación y hay una escena independiente que lleva años demostrando que puede competir en sensibilidad, ideas y dirección artística.

Pero el dato que pone los pies en el suelo es otro: un 52% de los estudios cree que su viabilidad está en riesgo si la situación actual se mantiene un año más. Eso cambia bastante el tono de la conversación. No estamos hablando de una industria que no funcione, sino de una industria que muchas veces funciona con márgenes demasiado estrechos.

También pesa la concentración. Cataluña lidera con claridad en facturación, empleo y número de estudios, mientras Madrid, Andalucía y la Comunidad Valenciana completan los grandes polos. Y, a nivel empresarial, el contraste sigue siendo enorme: muchos estudios facturan menos de 200.000 euros al año, mientras un pequeño grupo concentra gran parte de la recaudación.

El salto pendiente: hacerse grandes

La reclamación de incentivos fiscales vuelve a aparecer como una de las grandes peticiones del sector. No como una varita mágica, sino como una herramienta para que más estudios puedan pasar de sobrevivir proyecto a proyecto a construir estructuras estables. Como apuntó Katy Sánchez, de Gameloft Barcelona, el reto es que el tejido independiente pueda convertirse en empresas medianas y grandes.

Ese matiz importa. España no necesita solo más juegos; necesita que más estudios puedan repetir, crecer, contratar, mantener propiedad intelectual y negociar mejor con publishers internacionales. Ahí es donde se juega la consolidación real.

Buenas noticias, con letra pequeña

También hay señales positivas: el empleo femenino sube hasta el 27%, por encima de la media europea citada por DEV, y el 52% de la facturación llega desde el extranjero, con Norteamérica como principal mercado. Incluso la inteligencia artificial generativa ya forma parte del día a día de más de la mitad de los estudios, aunque todavía falta una conversación seria sobre sus límites y usos responsables.

El videojuego español está mejor que hace una década, eso es evidente. La pregunta ahora es si sabremos convertir esta etapa de crecimiento en una industria menos frágil.

Porque hacer buenos juegos ya lo hacemos; lo difícil es que quienes los hacen puedan seguir aquí dentro de cinco años.

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