La muerte solo es el principio

Hemos podido probar Grim Trials gracias a JFGames, y lo primero que queda claro tras unas cuantas partidas es que Glory Jam sabe perfectamente qué tipo de juego quiere hacer. Las comparaciones con Hades son inevitables desde el primer minuto, pero lejos de esconderlas, las abraza para construir una propuesta con personalidad propia, más contenida en escala, pero tremendamente divertida.

Aquí controlamos a Avelin, una joven que, tras morir, despierta en la Academia de los Segadores. Su objetivo es superar una serie de pruebas para tener la oportunidad de volver junto a la persona que ama. Sobre esa premisa se construye un roguelike de acción donde cada derrota sirve para aprender, desbloquear mejoras y volver a intentarlo con una estrategia diferente.

Una jugabilidad que atrapa muy rápido

Lo mejor de Grim Trials es lo fácil que resulta entrar en su bucle jugable. En apenas unos minutos entiendes cómo funciona todo y empiezas a experimentar con las diferentes bendiciones, armas y mejoras que aparecen en cada partida. Cada run cambia lo suficiente gracias al RNG como para que nunca tengas la sensación de estar jugando exactamente la misma partida, aunque la estructura general sea conocida.

Las builds son una parte muy importante de la experiencia. Dependiendo de las bendiciones que aparezcan y de las decisiones que tomemos durante la partida, podemos convertir un arma aparentemente normal en una auténtica máquina de destruir enemigos. Ahí está buena parte de la gracia del juego: improvisar con lo que tienes y sacar el máximo partido a cada combinación.

Eso sí, después de muchas horas encontramos una favorita. En nuestro caso, la ballesta nos ha parecido, con diferencia, la opción más cómoda y efectiva. Poder atacar desde la distancia cambia completamente el ritmo de los combates, permite jugar mucho más seguro y facilita mucho las peleas contra enemigos especialmente agresivos. Seguramente cada jugador acabará encontrando su propia combinación, pero cuesta mucho abandonar una build cuando descubres una que funciona tan bien.

Morir forma parte de la diversión

Como ocurre en cualquier buen roguelike, aquí vas a morir muchas veces. Algunas partidas terminan por un error propio, otras simplemente porque las bendiciones no acompañan o porque un jefe aparece antes de que hayas conseguido el equipo que necesitabas. Y precisamente ahí está parte de la magia.

Lejos de resultar frustrante, Grim Trials consigue que cada derrota deje la sensación de haber aprendido algo. Además, las misiones de los distintos personajes van desbloqueando nuevas mejoras, pociones y equipamiento que hacen que cada intento tenga una recompensa incluso cuando no consigues avanzar demasiado.

También hay un curioso minijuego de fabricación para crear armas y equipo que añade un pequeño descanso entre expediciones. No pretende ser un sistema complejo, pero sí aporta ese punto diferente que hace que la progresión resulte algo más variada.

Siete jefes que no regalan nada

Los siete jefes principales son, probablemente, los momentos más memorables del juego. Cada uno tiene patrones propios, habilidades diferentes y enemigos que complican todavía más el combate. No basta con hacer mucho daño; toca aprender ataques, buscar ventanas para golpear y aprovechar al máximo la build que llevemos en ese momento.

El combate responde muy bien y los controles resultan muy cómodos desde el principio. Si ya vienes de otros roguelikes de acción, la adaptación es prácticamente inmediata. El único aspecto que nos ha generado alguna queja está en ciertos escenarios. Hay salas demasiado pequeñas donde esquivar algunos ataques se vuelve bastante más complicado de lo que debería, especialmente cuando coinciden varios enemigos y proyectiles al mismo tiempo.

Mucho estilo propio

Visualmente, Grim Trials tiene una identidad muy marcada. Sus escenarios utilizan una paleta de colores muy viva que evita caer en el tono gris habitual de muchos juegos ambientados en el más allá. Todo resulta limpio, fácil de leer y con efectos muy vistosos durante los combates.

La banda sonora acompaña de maravilla. Las guitarras y el ritmo de los temas elevan todavía más la intensidad de las peleas, consiguiendo que los enfrentamientos contra los jefes tengan ese punto épico que cualquier roguelike agradece.

Veredicto

Grim Trials no necesita inventar la rueda para clavarte el anzuelo. Te da una guadaña, unas cuantas bendiciones, siete jefes con mala leche y la excusa perfecta para volver a entrar en la siguiente run aunque la anterior haya acabado en desastre.

Es cómodo, directo y muy fácil de disfrutar, con ese punto de rabia sana que hace que morir no cierre la partida, sino que te pique un poco más. Algunos escenarios se quedan estrechos cuando la pantalla se llena de enemigos, pero el conjunto tiene ritmo, personalidad y suficientes desbloqueos como para acompañarte durante unas 25 o 30 horas sin perder fuelle.

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