Sengodai es uno de esos juegos que, a primera vista, parecen hechos a medida para los amantes de los roguelike de construcción de mazos. Estética japonesa, dioses antiguos, espíritus encerrados en cartas y un planteamiento claramente inspirado en el género… pero con algunas decisiones propias que lo hacen destacar, para bien y para mal.
Desarrollado por Tsunoa Games, Sengodai propone una experiencia en la que controlamos un equipo de tres Gokai, espíritus orientales representados mediante cartas, con los que debemos purificar tierras malditas repartidas por el tablero. Todo ello se desarrolla a lo largo de cinco mundos generados de forma procedural, lo que garantiza partidas diferentes en cada intento y refuerza su naturaleza roguelike.
Un apartado visual con mucha personalidad
Uno de los grandes puntos fuertes de Sengodai es su dirección artística. El juego apuesta por un estilo dibujado y colorido, con claras raíces orientales, que le da una identidad muy marcada. Los diseños de los dioses y los Gokai resultan llamativos y carismáticos, y el conjunto transmite una sensación casi retro que encaja muy bien con su ambientación mitológica.
El apartado sonoro acompaña con una banda sonora de inspiración japonesa que refuerza la atmósfera y hace que las partidas sean agradables incluso tras varias horas. Visualmente no busca deslumbrar con efectos excesivos, sino mantener una presentación clara y funcional.
Mecánicas originales, pero algo confusas al inicio
En lo jugable, Sengodai se aleja de los sistemas clásicos de ataque y defensa habituales en los deck-builders. Aquí no hay daño directo como tal: para reducir la vida del enemigo es necesario purificar cartas de tierra, cada una de ellas asociada a distintos elementos como agua, fuego, aire o bosque. Estos elementos se cargan mediante las cartas que robamos cada turno y se asignan a nuestros Gokai.
Al principio, el funcionamiento puede resultar algo lioso, especialmente para quienes esperan un sistema más tradicional. Sin embargo, tras unas cuantas partidas y leyendo con atención las explicaciones del propio juego, el sistema se vuelve mucho más comprensible y permite empezar a formar estrategias propias.
Además de las cartas elementales, existen cartas de apoyo, habilidades especiales y la figura del dios acompañante, una carta central que puede activar poderosos efectos si acumulamos las gemas necesarias, obtenidas al purificar tierras.
Falta de profundidad estratégica para algunos jugadores
Donde Sengodai genera más división es en su profundidad estratégica. Aunque hay decisiones importantes —arriesgar ahora o esperar, cargar a un Gokai u otro, activar o no al dios—, gran parte del desarrollo de las partidas depende del azar y del robo de cartas. Esto puede hacer que algunos jugadores echen en falta un mayor control táctico, especialmente teniendo en cuenta su precio.
Aun así, el progreso persistente, la mejora de Gokai, la subida de nivel de la torre de vida y la variedad de eventos en los mapas hacen que el juego termine enganchando si se le da tiempo.
Una experiencia bien adaptada
Sengodai puede jugarse tanto en móvil como en PC, y la experiencia está bien adaptada en ambos formatos. El control táctil funciona correctamente en dispositivos móviles, mientras que en ordenador ofrece una experiencia cómoda y clara. Aunque se han detectado pequeños problemas técnicos puntuales, el juego acaba de lanzarse y sigue recibiendo actualizaciones.

Conclusión
Sengodai no es el roguelike de cartas más profundo del mercado, pero sí una propuesta diferente, con una identidad visual muy marcada y mecánicas que se atreven a salirse de lo habitual. Puede no convencer a quienes busquen un desafío extremadamente estratégico, pero para los que quieran algo distinto, con sabor oriental y partidas rápidas pero adictivas, es una opción más que interesante si se le da una oportunidad.




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