Los términos de PlayStation vuelven a poner el foco sobre la propiedad digital justo cuando Sony ya ha anunciado el final de los nuevos juegos en disco a partir de 2028
Los términos actuales de PlayStation Store en España son bastante claros: cuando compras un juego digital, no te conviertes en propietario de ese producto. Lo que Sony Interactive Entertainment concede al usuario es una licencia personal para utilizarlo de forma privada y, salvo que la legislación local establezca otra cosa, no transferible.
No es una fórmula completamente nueva dentro de las tiendas digitales, pero adquiere ahora mucha más importancia por una razón evidente: Sony dejará de producir juegos nuevos en formato físico para PlayStation a partir de enero de 2028. Después de esa fecha, los nuevos lanzamientos se distribuirán exclusivamente en formato digital.
Y cuando desaparece la alternativa física, saber exactamente qué estamos comprando deja de ser una cuestión de letra pequeña.
Pagas por el juego, pero legalmente compras una licencia
El apartado 13.5 de los términos españoles explica que al adquirir un producto digital estamos comprando una licencia personal de uso y añade literalmente que el usuario no es propietario del producto digital.
Sony señala que una cuenta suspendida puede perder temporalmente el acceso a determinados productos digitales, incluso si fueron pagados. También contempla la posibilidad de suspender juegos, suscripciones o directamente la cuenta cuando exista un incumplimiento de sus condiciones.
También existe la famosa cláusula de los 36 meses de inactividad, aunque aquí hay un matiz importante: Sony no indica que vaya a borrar automáticamente una cuenta al cumplirse tres años. Puede iniciar su cierre después de ese periodo, pero debe contactar previamente con el usuario y ofrecerle otros seis meses para iniciar sesión o solicitar que la cuenta permanezca activa. Si finalmente se cierra, se pierde el acceso a los productos digitales asociados.
Algo similar ocurre con los reembolsos. En el Espacio Económico Europeo existe un plazo inicial de 14 días, pero en contenido digital ese derecho por simple cambio de opinión desaparece cuando comenzamos la descarga o reproducción, salvo otros derechos reconocidos por la legislación aplicable.
El problema es que en 2028 ya no habrá alternativa física para los juegos nuevos
Aquí es donde todo este debate cambia completamente.
Mientras existe una edición física, el consumidor puede decidir. Puede comprar un disco, prestarlo, revenderlo o conservar una copia que no dependa de su biblioteca digital de la misma manera.

A partir de enero de 2028 esa opción desaparecerá para los nuevos lanzamientos de PlayStation. Y precisamente por ello la decisión ya ha generado oposición entre consumidores e incluso procedimientos relacionados con el control que Sony ejerce sobre su mercado digital. En Países Bajos, por ejemplo, Stichting Massaschade & Consument mantiene una acción colectiva que acusa a la compañía de limitar la competencia y encarecer los juegos digitales; la organización considera que la desaparición del disco agrava todavía más ese problema.
Eso sí, tampoco sería correcto afirmar que Sony puede hacer absolutamente cualquier cosa con nuestras compras. Sus propios términos reconocen expresamente que los derechos del consumidor establecidos por la legislación local tienen prioridad sobre el contrato de PlayStation, algo especialmente relevante dentro de la Unión Europea.
Podemos pagar 70 u 80 euros, tener el juego durante años dentro de nuestra biblioteca y sentir que lo hemos comprado igual que antes comprábamos un disco. Contractualmente, sin embargo, lo que tenemos es una licencia vinculada a una cuenta y a unas condiciones de servicio.
Y si el futuro de PlayStation va a ser completamente digital, quizá la pregunta ya no sea si preferimos disco o descarga.
La pregunta es qué garantías debería recibir un jugador cuando el formato digital deje de ser una elección y pase a ser la única opción.




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