Sony anunció en julio que dejará de producir discos para nuevos lanzamientos de PlayStation a partir de enero de 2028, justificando la decisión por el crecimiento del consumo digital.

Pero desde aquel anuncio la respuesta de una parte de la comunidad ha sido bastante más fuerte de lo que seguramente esperaba la compañía.

El mejor ejemplo es #PSBlackout, una protesta impulsada por el grupo de preservación DoesItPlay que ha pedido a los usuarios desconectarse de PSN, no utilizar sus consolas y evitar compras digitales entre el 23 y el 30 de agosto. La campaña nació precisamente para protestar contra el final del formato físico y reclamar mayores garantías sobre la propiedad de los juegos que compramos.

Y aunque resulta imposible saber cuánto impacto real está teniendo el apagón en las cifras de Sony, sería un error pensar que toda esta presión popular no está llegando a los despachos.

El movimiento contra el final del disco lleva semanas creciendo, con peticiones, campañas en redes sociales y jugadores insistiendo en algo bastante sencillo: quieren seguir teniendo la posibilidad de elegir entre físico y digital.

Si ahora Sony realmente está estudiando retrasar su hoja de ruta, seguramente haya varios factores encima de la mesa.

Xbox manteniendo el lector sería uno enorme, pero #PSBlackout y toda la reacción de la comunidad también podrían haber conseguido algo que hace unas semanas parecía bastante difícil: obligar a PlayStation a preguntarse si realmente merece la pena enfrentarse a sus propios usuarios por acelerar uno o dos años el salto al digital.

Un gran publisher habría llegado incluso a amenazar con abandonar PlayStation

Y luego está la parte más fuerte de todos estos rumores.

Una importante editora habría comunicado a Sony que tiene entre manos un lanzamiento enorme y que, si PlayStation no puede garantizar una edición física, estaría dispuesta a publicarlo únicamente en Xbox y Nintendo.

La fuente asegura que no se trata de Rockstar, pero por ahora desconocemos tanto el juego como la compañía supuestamente implicada. Así que aquí toca ser especialmente prudentes: no existe confirmación oficial de que esa amenaza haya ocurrido.

Pero imaginemos por un momento que es cierto.

Entonces Sony ya no estaría únicamente enfrentándose a jugadores enfadados en redes sociales. Tendría por un lado a Xbox preparando una próxima generación donde el disco podría convertirse en un argumento de venta, por otro a publishers preocupados por perder las ventas físicas y, además, a parte de su propia comunidad organizando protestas para dejar claro que no quiere ese futuro.

De repente, continuar adelante exactamente igual empieza a parecer una decisión bastante más complicada y con represalias reales.

Quizá la presión sí sirve para algo

Cuando se anunció el fin del formato físico de PlayStation, la sensación general era que aquello estaba decidido y que poco podía hacer el jugador.

Dos meses después tenemos #PSBlackout, campañas para preservar el disco, Microsoft anunciando una función para convertir juegos físicos en derechos digitales y rumores que aseguran que Sony ya estaría reconsiderando cuándo abandonar definitivamente el formato.

No podemos afirmar que la protesta haya provocado ningún cambio porque, de momento, Sony sigue manteniendo oficialmente enero de 2028 y todo lo relacionado con un posible retraso continúa siendo un rumor.

Pero si finalmente la compañía da marcha atrás o amplía el plazo, tampoco deberíamos contar la historia diciendo únicamente que “Xbox salvó los juegos físicos”.

Los jugadores también llevan semanas haciendo ruido, y quizá #PSBlackout no haya sido tan inútil como algunos pensaban.

Porque al final la mejor manera de recordarle a una compañía que todavía existe demanda por algo es bastante sencilla: decírselo, organizarse y, sobre todo, votar con la cartera.

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