Hemos podido probar The Relic: First Guardian gracias a Meridiem Games, coincidiendo con su llegada en formato físico para PlayStation 5. En esta aventura de acción y fantasía oscura nos ponemos en la piel de un guardián que despierta en las tierras de Arsiltus, un mundo arrasado tras la destrucción de una antigua reliquia que mantenía a raya la corrupción.

La premisa ya sabemos que es de las que le sienta bien al género: una tierra rota, monstruos nacidos de la oscuridad y un protagonista que debe reconstruir poco a poco lo que ocurrió mientras se enfrenta a criaturas marcadas por el dolor, la pérdida y la transformación.

Lo que trae la edición física

La edición estándar Day One incluye el juego físico para PS5, dos DLC con contenido digital exclusivo y el mapa de Arsiltus. Además, más adelante llegará The Relic: First Guardian – The Forgotten Stories Edition, una edición coleccionista bastante más ambiciosa.

Esta versión incluirá steelbook exclusivo, caja estándar con disco físico, el libro de tapa dura The Relic: Past Lives, una moneda coleccionable inspirada en el mundo del juego, póster con el mapa de Arsiltus, un set de armas exclusivo para usar dentro del juego y una caja de coleccionista. Es una edición pensada para quien no solo quiere jugarlo, sino también quedarse con un pedazo del mundo fuera de la pantalla.

Duro, a veces demasiado, pero con buen pulso

The Relic: First Guardian no es un juego fácil. De hecho, hay momentos en los que se hace bastante duro. No solo por la dificultad de los combates, sino por cómo plantea la exploración y el avance. No siempre queda claro qué camino es el principal, qué jefe merece la pena afrontar primero o qué zona nos está pidiendo el juego en ese momento. Eso puede generar cierta fricción, sobre todo cuando llevas un buen rato encadenando combates exigentes.

Aun así, cuando el juego funciona, funciona muy bien. El movimiento es fantástico, ágil y con buena respuesta. Hay algo muy satisfactorio en esquivar, reposicionarte y volver al ataque cuando encuentras el ritmo. Es de esos juegos en los que notas rápido cuándo has mejorado tú, no solo tu personaje.

El combate apuesta por la supervivencia, con una decisión curiosa: la resistencia se reserva para defenderse y esquivar, mientras que los ataques no consumen ese recurso. Eso hace que las peleas sean más fluidas de lo habitual y te empuja a ser agresivo sin dejar de medir cada movimiento.

Muchos jefes y margen para construir tu estilo

Uno de sus grandes reclamos son sus más de 70 jefes, y aunque no todos tienen el mismo impacto, la cantidad de enfrentamientos da al juego una identidad muy clara. Hay combates que aprietan, enemigos que te obligan a leer patrones y momentos donde un mal bloqueo o una esquiva tarde te dejan vendido.

También ayuda la variedad de armas y habilidades. Hay cinco tipos de armas, doce árboles de habilidades y una progresión basada en reliquias en lugar de niveles tradicionales. Es decir, no se trata solo de subir números, sino de ir encontrando efectos pasivos que cambien tu forma de jugar. Ahí se nota el margen para hacerte una build a tu gusto, aunque el juego todavía tiene espacio para pulir ciertos desequilibrios y asperezas.

Un mundo con personalidad, pero con heridas visibles

Artísticamente, The Relic: First Guardian tiene momentos muy potentes. La fantasía oscura inspirada en la mitología asiática le da un aire distinto, con escenarios decadentes, enemigos retorcidos y una atmósfera de corrupción constante. No todo mantiene el mismo nivel, pero la identidad está ahí.

También se perciben detalles que podrían mejorar con actualizaciones: ritmo irregular, zonas algo confusas y algunos momentos donde la ambición pesa más que el acabado. Nada de eso borra sus virtudes, pero sí deja claro que todavía puede crecer.

Veredicto

The Relic: First Guardian es una aventura dura, oscura y con mucho margen para enganchar a quien disfrute de los action RPG exigentes. Tiene buen movimiento, combates con peso, muchísimos jefes y un mundo con personalidad, aunque algunas decisiones de diseño pueden hacerlo más áspero de la cuenta. No es perfecto, pero hay algo ahí. Algo que pide paciencia, golpes y futuras mejoras.

Arsiltus cae, pero no se rinde.

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